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El rosetón situado sobre el arco del ábside
de la catedral de la Seu d'Urgell, datado a finales del siglo
XIV, siendo el único vitral de esta época que se
conserva en el Pirineo catalán; se encontraba en un estado
lamentable, tanto por el estado de los plomos como en la pérdida
de vidrios originales y abundaban las piezas de sustitución
colocadas en sucesivas restauraciones.
La limpieza de la obra descubrió la belleza pictórica
de unas vidrieras de gran valor en que las figuras religiosas,
apóstoles, santos y la figura de Cristo resucitado demostraban
la pericia de los antiguos artesanos en las técnicas de
las grisallas.
Tanto la desidia en la conservación de la obra como la
inadecuación de las intervenciones fueron los culpables
del lamentable estado de la obra.
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